Un viaje por la noche top de Esperanto

03.03.2012 22:59

Por Rodolfo Montes de LA CAPITAL

 

El patovica tarda unos segundos -que se hacen eternos- en conceder una sonrisa y facilitar el paso. El corralito de ingreso al templo donde se juntan "el cielo y el infierno" está demarcado por una cadena que el guardia toma con su mano gigantesca, desengancha, deja el paso libre e invita a ingresar. Resulta perturbador imaginar qué hubiese sucedido si ese hombre de casi dos metros de alto, y uno de ancho, hubiese tomado una decisión inversa a la que tomó.

La vibra de la música electrónica ya envuelve los cuerpos en la antesala. Son más de las dos de la mañana y, como un avión de gran porte, la noche despega y se inicia el viaje fantástico por la atmósfera de luces, música, cuerpos lookeados para seducir y tragos. La fiesta ha comenzado. "En Esperanto está garantizado que te vas a divertir", explica a LaCapital Leandro "Leo" Travaglio, factotum del boliche más famoso de Buenos Aires.

"Esperanto" nació en el barrio de Las Cañitas, hace ya 10 años, pero desde 2009 se instaló en la zona que más creció comercialmente en la última década en todo el país: Palermo Viejo, luego innecesariamente renominado como "Hollywood" y "Soho", de un lado y del otro de la avenida Juan B Justo. La clásica arteria que corre sobre el arroyo Maldonado —entubado— lució siempre con sus talleres mecánicos, casas de repuestos y gomerías. Ahora todos en retirada para dejar lugar a la impresionante ola palermitana de gastronomía, diseño y boliches bailables, incluido "Esperanto".

"Nosotros nos hicimos fama con algunos futbolistas y lo de las botineras, pero eso ya fue. Ahora los jugadores casi no pisan este lugar, sería muy expuesto para ellos", contó Leo. Con el tiempo, los jugadores de fútbol les dejaron paso a otros jugadores, los de la farándula, la tele, algunos actores. "Estamos bien ahora, lo de botinera no es muy bueno como imagen, porque es una palabra cercana a prostituta", reconoce el empresario.

El boliche de los famosos se despliega en dos plantas, con una superficie cercana a los mil metros cuadrados y capacidad para 600 personas. Bastante menos de los casi mil quinientos metros que ocupará la versión "Esperanto" de Rosario.

La música electrónica en la noche profunda ya es un canon ineludible para cualquier boliche que se precie. Sin embargo, "nosotros ponemos también otras cosas para que la gente se divierta, podés escuchar rock nacional y también a José Luis Perales. La electrónica es el 65 por ciento de la noche", explica Leo mientras va saludando uno a uno por todos los rincones del boliche.

La empresa, que tiene además un importante local propio en Mar del Plata —y un parador en la playa— necesita de cerca de cuarenta empleados, entre el día y la noche, para mantener la rueda mágica de la fiesta bolichera en marcha.

Los precios. No todo en “Esperanto” sucede en la madrugada. Desde las 10 de la noche se puede cenar, por ejemplo, una entrada de “Esperanto salad”, que consta de lonjas de jamón crudo tostado, verdes de estación, palta, cilantro, verdeo, arvejas y pimientos rojos asados a 45 pesos. Los platos principales, como el lomo envuelto en panceta dorada en su jugo, cotizan de entre los 60 y 70 pesos. “Aunque en la práctica, casi todo funciona con reservas previas y con menús acordados por grupos que rondan los 100 pesos por persona”, explicó Viviana Tarantino, encargada de las relaciones con la prensa del boliche.

   Los precios de la barra, cuando la noche explota en la madrugada, no son baratos: una caipirinha, 48 pesos.

El cholulismo. Además del atractivo de cruzarse con algún famoso en el ingreso al VIP —que pudo ser Ricardo Fort, habitué en su momento, o Carmen Barbieri, en las últimas semanas— el boliche ofrece cena y luego disco, en este caso sin abonar el ingreso de la trasnoche, que ronda entre 50 y 70 pesos con una consumición, según se trata de ellas, o ellos. “El público está en las edades similares a todos los boliches, digamos de 20 a 30. En el VIP, que lo manejamos con invitaciones a través del equipo de relacionistas públicos, la edad sube un poco, ahí estamos entre 30 y 40 años”, explica Leo.

Filosofía de vida. Travaglio, creador de la marca, pasó los 40 años, pero goza de un cuerpo juvenil perfectamente trabajado. “Soy profesor de educación física, trabajo todos los días mi cuerpo, salgo a correr. Para mí la noche y la vida sana no son incompatibles. Durante la semana, vivo y trabajo de día, no fumo ni tomo alcohol”, cuenta.    Esperanto se basa en un concepto: “El entretenimiento nocturno del boliche es una necesidad, como leer un libro, estudiar o tener una pasión por un club de fútbol”, define.

Sin medias tintas, agrega: “La clave es vivir en equilibrio, un poco de cada cosa” casi desde una perspectiva filosófica. 

Seguridad: la clave del éxito del boliche

“Esperanto Rosario” funcionará como una franquicia del porteño. “Siempre nos interesó que la primera franquicia fuera en Rosario”, contó el dueño de la disco, Leo Travaglio. La clave del boliche, aseguran es la seguridad interna y en las inmediaciones.

   “Acá nadie se pelea, nadie empuja a nadie, nadie se atemoriza por nada, el que hace un movimiento prohibido es advertido o invitado a retirarse”, explicaron. Según dicen tener verificado, ése clima donde todos se sienten cuidados es la clave de la gran afluencia de chicas solas.

   El proyecto de Rosario —que luego sumará un hotel boutique— apunta, como el de Buenos Aires, a un sector de consumo destacado, con precios similares o un poco arriba del promedio ya existente en la ciudad. “Si bien no somos baratos en los precios, no ejercemos discriminación, no somos elitistas, no trabajamos encerrados en la estética exclusiva de las clases altas” definió Travaglio. Al boliche se lo ve plural, socialmente mixto, aunque no popular, sobre todo por los precios.